Recordando a Manuel Benítez “El Cordobés”.

[colored_box color=”blue”]El Cordobés se consagró como figura del toreo mundial[/colored_box]

Javier Gómez Trejo “Jabato” / Foto: Cortesía

En el año de 1936, concretamente el 4 de Mayo, nació, en la provincia de Palma del Río, Córdoba, España, un niño que desde sus primeros años se mostró muy inquieto y dejó ver el gusto que traía por la Tauromaquia. Hablo de Manuel Benítez “El Cordobés”.

Primero fue albañil, pero su gusto por el arte taurino le llevó a dejar la pala, el pico y la cuchara para tomar el capote, la muleta y el estoque en lo que sería su profesión de toda la vida, la que lo llevó a la cumbre de la fama y el dinero. A los 24 años, el 27 de Agosto de 1960, debutó como novillero, cumpliendo un total de 203 festejos como tal, hasta que, el 25 de Mayo de 1963, recibió su alternativa en su tierra natal de manos de Antonio Bienvenida, teniendo como testigo a José María Montilla. El toro de su alternativa se llamó Palancar, de la ganadería de Samuel Flores. Posteriormente, el 20 de Mayo de 1964, confirma su alternativa en la plaza Madrileña de Las Ventas, de manos de Pedro Martínez “Pedre”, siendo el testigo de éste acto un torero apodado “Palmeño”. Le tocó en suerte el toro Impulsivo, de la ganadería de Benítez Cubero. En ésta ocasión, el Cordobés recibió una cornada grave en la ingle izquierda.

Recuerdo haber visto torear al Cordobés en dos ocasiones, una en la Plaza México y otra en el Lienzo Charro de Cuernavaca. Era muy singular en su comportamiento en los ruedos. Alto, delgado y con el pelo despeinado, mismo que le caía sobre la cara al estilo de Ringo Star, era atrabancado, impulsivo, poco ortodoxo en el toreo, algo agitanado, toreaba de rodillas, le daba la espalda al toro, poniendo en serio peligro su vida al perderle la cara a la bestia que tenía enfrente, hacía pases como los que ahora hace Enrique Ponce, y que han bautizado como “la Poncina”, gustaba de hacer cambiados por la espalda, en fin, cultivaba un estilo taurino que podría catalogarse como tremendista, y había un sector del público que no gustaba de esto. Pero era único, era inigualable e insustituible, si alguna vez resultaba herido, no había a quien poner como su reemplazo, mejor se cancelaban las corridas firmadas.

Vino muchas veces a México y hubo un año que estuvo por éstas tierras todo un mes, toreando a diario, desplazándose en un avión prestado por nuestro querido y bien recordado Cantinflas. Gano mucho dinero, todo el que quiso, fue muy famoso y lo sigue siendo, es un referente de la tauromaquia española, tanto por su estilo como por su valentía, que rayaba en lo suicida, ya que se metía entre los cuernos de los toros, posaba su frente en la del toro, y hacía diablura y media que ponía a la gente al borde de sus asientos.

Se retiró en 1971, pero tuvo múltiples regresos a los ruedos, hasta que en 1981, cuando murió un espontáneo en una corrida en la que estaba participando, decidió retirarse definitivamente. Actualmente tiene 77 años, y ha toreado recientemente en festivales de beneficencia.

En 1967, en pleno apogeo de su carrera, le fue otorgada la medalla de oro al Mérito Turístico de España, seguramente porque mucha gente iba a éstas tierras sólo para asistir a una corrida del Cordobés. En el año 2002, fue considerado el Quinto Califa del Toreo Español, al lado de Rafael Molina “Lagartijo”, Rafael Guerra “Guerrita”, Rafael González “Machaquito” y Manuel Rodríguez “Manolete”.

Su fama como torero ha sido tal, que ha participado en varias películas, y muchas calles del mundo llevan su nombre, incluso hay una calle dedicada a él en la ciudad de Las Vegas, Nevada, en Estados Unidos de América.

Un hijo de él, reconocido como tal, llamado Julián Benítez, quiso ser torero, sin gran suerte, y otro hijo, no reconocido, llamado Manuel Díaz, y apodado “el Cordobés”, si logró ser un torero importante en España y México.

Por lo anteriormente anotado, nos damos cuenta que Manuel Benítez “el Cordobés” fué un figurón de los ruedos y ha quedado plasmado en los anales de la tauromaquia mundial por sus características físicas y de oficio. Toreros como él, no aparecen todos los días, y muchachos que pretendan imitarle hay muchos. Ojalá que pronto surja una figura que haga recordar las andanzas de “el Cordobés” y logre emular sus hazañas.

Por lo pronto, le mandamos una felicitación calurosa por estar cumpliendo sus Bodas de Oro como Matador de Toros. Enhorabuena, Don Manuel….!!!!

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